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Opinion

Superados por la inseguridad (I)

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Consagrado está que los estados tienen a cargo la seguridad pública como función que comprende la prevención de los delitos, la investigación, la persecución de los delincuentes, las sanciones administrativas, construir un clima de seguridad, confianza ciudadana, paz social y orden público como principales obligaciones y un derecho esencial de toda sociedad, lo que implica ofrecer garantías para que las personas puedan desarrollarse plenamente y desplegar sus potencialidades con la certeza que su patrimonio, bienes y vida se encuentran fuera de cualquier peligro; de allí que bien pueda decirse que la seguridad pública deba permitir que los ciudadanos ejerzan sus libertades dentro de los cauces del derecho y sea importante instrumento para la gobernabilidad, la competitividad, el desarrollo social y el crecimiento económico.

Y si bien se han establecido estrategias y validado criterios para combatir y prevenir el delito; es indudable que la inseguridad sigue encontrando caminos para reproducirse de manera exponencial, dando como resultado que inseguridad y violencia son el producto de un complicado entramado de problemas sociales y económicos articulados con pobreza, desintegración familiar, marginalidad y los muy bajos niveles de cobertura en educación, salud, cultura, recreación y deporte, así como de errores, negligencias e impunidad en la impartición de justicia, lo que crea unas dinámicas antisociales y abundancia de fenómenos delictivos que generan uno de los principales temas de preocupación pública, lo cual debe centrar la mirada del Estado si en verdad se quiere mantener la paz y el orden públicos, en lo que importan estrategias integrales de corresponsabilidad en seguridad y la eliminación de prácticas que además de producir miedo y desconfianza, debilitan la cohesión social.

Fundamental en esto la participación ciudadana, que amén de reconocer perfectamente sus derechos, debe ejercer sus obligaciones como una conducta de responsabilidad y compromiso con su comunidad; ya que para que una sociedad sea corresponsable es necesario establecer condiciones y relaciones de confianza de doble vía, pues sin ella imposible es alcanzar cualquier tipo de metas colectivas, siendo prioritario en consecuencia implantar e implementar una agenda de seguridad ciudadana que en primer plano ponga la protección de las personas, sea coherente con todo cuanto significa desarrollo humano y bien pueda ser una herramienta de gobernabilidad.

No podemos perder de vista bajo circunstancia alguna, que la seguridad pública debe tratarse bajo aristas de multidimensionalidad, integralidad y transversalidad; lo que implica una visión global e incluyente; en la verdad que el propósito es construir esquemas de coordinación y colaboración en todos los niveles de gobierno y sectores social, público y privado para que del corto, al mediano y largo plazos, se brinde certeza, tranquilidad y protección permanente desde una perspectiva de gobernanza y real participación democrática. La percepción y vivencia de los ciudadanos sobre la inseguridad determinada está por factores tales como la incidencia de eventos delictivos que corroe la confianza hacia las instituciones de seguridad; el comportamiento y desempeño de las autoridades, la impunidad reinante en todos los sectores, el incremento de población desplazada de zonas de conflicto, aumento lógico de la pobreza ante el fenómeno de la superpoblación de algunos sectores ya de por si deprimidos económicamente de las grandes ciudades; hechos que se convierten en caldo de cultivo ideal para que los grupos terroristas infiltren dentro de este segmento de población a sus agentes encubiertos y ellos a su vez perviertan aún más el sistema de seguridad urbano de cualquier ciudad, lo cual de hecho es lo que están haciendo desde que las operaciones militares les cerraron la puerta de los ataques a bases aisladas, puestos de policía y poblaciones lejanas.

Otras factores incidentes en la inseguridad son también la siempre galopante corrupción gubernamental, invasión del espacio público, vendedores ambulantes, falta de compromiso, ineficiencia e impericia de los gobernantes, caos vehicular, falta de solidaridad ciudadana, populismo de algunos mandatarios, el descontento ciudadano especialmente en lo social, es escaso apoyo a los sectores mayormente vulnerables, la pauperización de la economía lo que requiere de liderazgos ciertos comprometidos con la reconstrucción del país, cumplir los sueños con base en el trabajo, acercarse a la gente, entender que nada se logra solo y determinante es constituir y construir equipos, y que los ciudadanos en aras de apuntar a reivindicaciones mejores usen sus derechos políticos en superior forma y manera.

Es claro que la percepción influye en el ánimo ciudadano, pero la realidad que se palpa en los más de los rincones del país y especialmente en nuestra ciudad, departamento y región indica que en lo concerniente a seguridad mucho es lo que queda por avanzar, razón por la cual los gobiernos deben centrarse en principios de actuación y en objetivos particulares susceptibles de ser alcanzados de manera progresiva y contundente, de lo contrario vamos a seguir siendo superados de manera incontenible por la inseguridad, flagelo pernicioso y perverso que no deja progresar, construir ni consolidar democracia.

rubenceballos56@gmai.com

tw: @CeballosRuben56

Ing: @rubenceballos2021  Jurista

Opinion

Abandonados en alta mar: carta de un sanandresano

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Por: Ali Walid Waked Ali

Dice cierto refrán que en el fondo todos los políticos son iguales: prometen construir un puente incluso donde no hay río. Si hay algo que tienen en común tanto la izquierda como derecha en el país es su completo desdén por San Andrés: territorio del que se acuerdan solo cuando vienen las vacaciones de fin de año.

No obstante, en el tiempo en que por ingenuos pensábamos que el abandono estatal no podía empeorar, con la nueva administración presidencial pasamos de la pandemia del coronavirus a la pandemia del hambre. Las islas sufren hoy lo que es la peor crisis económica en su historia: para algunos incluso comer más de una vez al día se convirtió en un lujo. El mar de los siete colores naufraga en medio del Caribe, frente a cierto mandatario cuya estrategia de gobierno es pelear en redes sociales sin concretar mucho (para no decir nada).

El triunfo de Gustavo Petro en San Andrés no del todo fue una sorpresa, ni mucho menos una cuestión de sectarismo político. Fue un voto de protesta en nombre de un pueblo que históricamente se ha sentido discriminado y sin voz ante las realidades cotidianas del país. Abandonados a nuestro propio destino, para algunos esta victoria representó un mínimo de esperanza, cuando inocentemente se pensaba que no había mucho más por perder.

Sin embargo, digamos por educación que la boca es el látigo del alma, en el sentido de que ahora la política se convirtió en el arte de prometer cambios para al final echar la culpa de todo fracaso al pasado mandatario. Así mismo, por más que se niegue, con el nuevo gobierno llegó el esplendor del centralismo, el desdeño por la periferia y la indiferencia para aquellos que en este país viven o sienten diferente, como lo es nuestro caso.

Posterior a la decisión de eliminar el subsidio a los combustibles, la Procuraduría General de la Nación anunció una disminución en la llegada de turistas superior al 68 % en el departamento. Solo para el primer semestre del presente año, el gobernador de las islas comunicó pérdidas económicas de más de $1 billón.

En un territorio sin capacidad de producción local y una dependencia casi total de dicho sector, sin importar el estrato, estas cifras son alarmantes en su totalidad. El turismo es el pan y manteca de todos los isleños, por lo que, al igual que en la pandemia, una crisis es un lujo que las islas no se pueden dar sin que implique un colapso social y humano.

Si bien la eliminación del subsidio fue una decisión fiscalmente responsable, no se puede gobernar las islas al estilo Bogotá, pensando que se tienen las mismas necesidades y problemas respecto a lo que ocurre en el resto del continente. Por años, los isleños hemos reclamado el reconocimiento de un enfoque diferencial para San Andrés, aún más cuando es el único departamento con una condición aislada de insularidad. Sin embargo, el único cambio que llegó con el nuevo gobierno fue una indiferencia mayor por las islas de la que ya veníamos padeciendo.

La Presidencia no es un reality show ni un laboratorio. No necesitamos todos los días una improvisación nueva en Twitter, la realidad es que estamos abandonados en altamar y la única cura son soluciones concretas. Gritar por nuestros derechos no es un asunto de derecha o izquierda, es una cuestión de sentido común. Esta no es una columna política, sino una carta de auxilio en nombre de San Andrés.

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Opinion

ASÍ LE PAGA EL DIABLO AL QUE BIEN LE SIRVE

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Por: Alberto Escobar Alcalá

Mucha gente me pregunta porque le he prestado tanto atención al actitud déspota asumida por la Representante Elizabeth Jay Pang, al negarle el aval a los Concejales de Municipio de Providencia y Santa Catalina del Partido Liberal ELSA ROBINSON Y JONATHAN TAYLOR, para que pudieran volver a aspirar nuevamente a defender su curul en ese corporación popular, y debo responder que cuando salí de la administración departamental en el año dos mil diecisiete algunos periodistas me preguntaron a que me iba a dedicar, de manera espontánea les respondí que me gustaría ser el primer representante a la Cámara Raizal y algunos amigos que escucharon la declaración radial, me animaron para que trabajáramos en la causa, fue así que en compañía del Victorio Wilson popularmente conocido como el «Bedi» nos trasladamos a la Isla de Providencia y en las jornadas de visitas me presento algunos de sus allegados entre ellos a la Concejal ELSA ROBINSON.

Posteriormente regrese a la vecina Isla para la campana a la Cámara de Representante en las elecciones de 2018, acompañando a la candidata Elizabeth Jay Pang, en nuestros recorridos la lleve a visitar a Elsa Robinson, quien en conversaciones anteriores me había comentado que no iba acompañar a la exgobernadora Aury Guerrero Bowie por su falta de compromiso con las dos Islas vecinas. En nuestra reunión con Elsa a la que asistió entre otros el hoy candidato a la gobernación por el Pacto Histórico Erlid Arroyo Newball, ella fue sincera con nosotros al manifestarnos que habíamos llegado un poco tarde pero que ella nos acompañaría sin ningún compromiso de poner una buena votación ya que la mayoría de los electores ya se habían comprometido y había una candidato del pueblo como lo era Greg Huffington.

La Representante Jay Pang obtuvo en esa oportunidad en Providencia y Santa Catalina ciento veinte voto, a cuya causa se había adherido el también Concejal Liberal Jonathan Taylor.

Elizabeth en las elecciones de 2022, con más experiencia y mayor musculo político, con apoyos mas encopetados con mayor presencia en las vecinas Islas, a raíz de la Pandemia Covid 19, y los fenómenos naturales huracanes ETA y IOTA, que azotaron a las Islas, volvió a sacar los mismos cientos veinte mil votos. En esta ocasión los dos Concejales Robinson y Taylor acompañaron al candidato Bernardo Benito Bent, de su mismo terruño, quien fue el segundo candidato más votado en esa contienda electoral en Providencia y Santa Catalina, situación que hizo montar en cólera a la Honorable Representante Jay Pang Díaz en contra de ellos al igual que contra la candidata a la Alcaldía Avis Livingston a la que le retiraron su apoyo con la complicidad del Candidato Nicolás Gallardo Vásquez para brindárselo al candidato del gobierno municipal Alex Ramírez conocido como el “Pecas”. Lo que no ha entendido la Representante Jay Pang y su grupo de asesores, que los votos de Elsa Robinson, Jonathan Taylor y Avis Livingston, le salvaron la curul, porque lo votos que puso Bernardo Bent “Masco”, se sumaron a los de ella, en la la lista del Partido Liberal.

Esa actitud soberbia de la Representa Elizabeth Jay Pang Diaz, al negarles el Aval a los Concejales en ejercicio del Municipio de Providencia y Santa Catalina Elsa Robinson y Jonathan Taylor, demuestra una vez más que así le sirve el diablo al que bien le sirve. Por ello no puedo, sino manifestar mi solidaridad con ellos

POSTDATA: “La primera habilidad espiritual, Espiritual a mi manera de entender, es AGRADECER. Es esa consciencia que no somos merecedores de todo lo que tenemos y conseguimos, que siempre hay personas que con su generosidad nos bendicen, que hay muchas más experiencias agradables, útiles y constructivas que dificultades y limitaciones. Quien aprende a dar podrá entender mejor captar el sentido de la vida”. El Heraldo de Barranquilla julio 16 de 2023

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Opinion

Distracciones, embriaguez y velocidad (I)

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Por: Luis Hernán Tabares Agudelo

Existen muchas empresas privadas a nivel nacional avaladas por la Superintendencia de Transporte con la misión de dar el curso para obtener descuento al momento de pagar comparendos.

Charlas donde el usuario va con cualquier objetivo menos el de actualizarse en las normas de tránsito. La gran mayoría de personas que asisten a este curso va mentalizado que lo hace para obtener un descuento de 50% o 25%. Casi siempre vuelven porque no van a aprender sobre normas de tránsito sino a pagar menos por la infracción cometida. También ocurre que la persona que es muy ocupada y que fue la que cometió la infracción; envía a un amigo, familiar o empleado a que haga el curso por él y pague con descuento para que le sea borrada la infracción de tránsito del Simit.

De hecho, en Colombia no se inculca a las personas a conocer las normas -esto se deja para los abogados- así sea cuando se va a comenzar a desarrollar una actividad de alta responsabilidad como es la de conducir un vehículo sin conocer la ley que lo rige o regula.

Mientras tanto, conducir vehículos automotores en Colombia, ha sido considerada por la Corte Constitucional como una actividad peligrosa que coloca a la comunidad ante inminente peligro de recibir lesión. Así las cosas, transitar es considerado una actividad de desplazamiento de las personas, los animales o los vehículos en una vía pública o privada. Normalmente se conforma de dos partes. La primera, la humana: como peatón, pasajero, ciclista y como conductor. La segunda, la física o la vía por donde todos nos desplazamos y por supuesto el vehículo.

Ahora bien, en Colombia en ese desplazamiento o movilidad existen cuatro cáusales de accidentalidad: la primera, las distracciones. Segundo, los excesos de velocidad. Tercero, el desacato de las normas y por último, la embriaguez. Cuando en nuestro entorno se presenta un accidente de tránsito fatal o no; podemos asegurar qué hay involucrada al menos una de las anteriores causales.

En efecto, una distracción hace referencia a cualquier cosa que en nuestra calidad de conductor nos haga distraer la mirada, perder la concentración y la trayectoria que estamos teniendo con un vehículo automotor que estamos conduciendo. Técnicamente está comprobado que la conducción no es compatible con absolutamente ninguna otra actividad. Quiere decir que no podemos estar conduciendo y desarrollando otra acción. En ese contexto, el celular, el cigarrillo, la mascota, el mecato, la pantalla de video encendida en el panel, cambiar el CD o la emisora, un niño sin cinturón de seguridad puesto y a cargo de quien va conduciendo, una dama con un escote bien profundo por la calle o consultar el reloj; son los distractores más comunes pero que en una milésima de segundo dejarán de serlo para convertirse en causante de accidente.

Segundo, el exceso de velocidad. Los colombianos que conducimos en nuestro país, ni por error debemos pretender que nos fascine la velocidad así nos apasione debido a que no sabemos conducir. A nosotros los mayores de 30 años nos dejaron aprender a manejar porque acá se permitió que el papá, la mamá, el hermano, el tío, el primo, el amigo, el novio, la novia, el vecino hicieran las veces de instructores. Para acabar de ajustar somos desconocedores de las normas de tránsito, y que esta trae límites máximos de velocidad. En la ciudades intermedias o grandes que tienen circunvalares se presenta que hay un máximo de 80 km/h y 60 km/h en las vías dentro de la ciudad y 30 km/h en los barrios cerca a colegios, iglesias o parques. Estos son límites muy altos en razón que el parque automotor de Colombia viene creciendo en forma alarmante.

Entonces, al hacer este curso, además de obtener el descuento hay que ir a capacitarnos para romper un círculo vicioso de salir a conducir sin conocimiento de las normas y a maltratar a peatones, ciclistas y animales.

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